domingo, 22 de noviembre de 2009

La Generación de la Amistad habla para Aminetu

Aminetu, la heroína de la libertad
Ali Salem Iselmu

Decidió sentarse en un limbo
exigir su libertad
romper las cadenas del muro
acabar con la hipocresía de los cobardes
invitar a los valientes
para que abran sus brazos.

Sus pequeñas manos
sus ojos diminutos
su cuerpo menudo
envuelto de esperanza y libertad.

Miró a las lágrimas del mar
y abrazó las dunas del Sáhara.

Ella volverá, llena de sueños
derrumbará la cadena de los verdugos
y gritará con la impotencia de su cuerpo:
dejar que el siroco abrace Lanzarote
dejar que vuelva a El Aaiun
el siroco no morirá de hambre
morirá en la cárcel de la ignominia
y el crimen perfecto.


Aminetu
Limam Boicha

En Ti araron un surco
y desgajaron tus ramas,
tus tallos,
tus pétalos.

Te negaron
sorbos de agua,
rayos de luz,
y hasta un trozo de Melhfa.

Pero en Ti existe
una exuberante vegetación de memoria,
una brisa del océano,
y esa próxima
y anhelada lluvia nuestra.


Iracundia de paz
Bahia Mahmud Awak

Aminetu, tu rostro ensangrentado
emergió de una bruma
iracunda,
sereno y firme,
una promesa de paz.

Que sepan
que no han podido
robar el inmenso pacífico
de tus oleadas de palabras
que nacen y mueren libres.

Aminetu, la palabra paz hizo nido
en tu resucitado
cuerpo, alado por la libertad.

Aminetu,
cuántos
espectros la muerte te proyectó,
cuántas
celdas guardan tu olor
que se expande a ultramar,
cuántas
apacibles palabras
predican tus labios.
Palabras que doman la violencia.

Aminetu.
Gandhi, Mandela, Bandrés,
Teresa de Calcuta,
Rigoberta Menchú,
Shirin Ebadi,
José Ramos Horta.
Aminetu Haidar,
tú eres símbolo de paz
en el Sáhara.


Aminetu Haidar
Ali Salem Iselmu

Sólo te he visto en fotografías y apenas recuerdo nada,
la sensación de olvido se vuelve un agobio.

Siento el rostro de tu mirada
convertida en lágrima
para romper el silencio
con el que tus verdugos violaron
la inocencia de tus ideas.

Tu imagen de silencio apacible
me habla y me escucha,
entonces yo llamo a los secuaces
para recordarles
que la magia de tu silencio
es la virtud de tu libertad.


Esperanza
Ebnu

Entre las calles
enrejadas del olvido,
las manos atadas
a las espaldas del tiempo,
hierven tus desordenados
huesos de porcelana.

Rumores me traen
tu reciente dolor añejo.
La leyenda crece
con tus lamentos al alba.
Mientras,
tus sueños vagan condenados,
esquivando uniformes y espías.

Sin embargo
más allá de tus labios rotos,
del hermoso rostro desfigurado,
de la mirada oscura y ausente,
se adivina tu laudable sonrisa de gloria.
Tu firmeza de acacia solitaria.
Tu fiel esperanza de libertad y primavera.


Acacia de raíces profundas
Bahia Mahmud Awah

En su tierno cuerpo y en su dulce mirar de mil rostros,
veíase incrustado el arte de una mano ajena,
y fiel al gusto de su arte hizo muchas sendas.
Extranjera la mano del Satán hace su nido,
siente su arte y sin piedad cobija
el saber de su cruel maestría.

Viola principios,
desafía la más sagrada carta magna del amor,
decreta sus leyes marciales
destruyendo ramas, quemando hojas
y flores de una acacia que hizo raíces en siglos
de profundidad.

Y dice el poeta árabe:
“…dicen que Leila enferma en la tierra de la Mesopotamia,
ojalá fuera médico para curarla…”
y dicen todos los poetas beduinos
que Aminetu en su celda
no está enferma, ni encarcelada,
sólo dirige en la sombra el trono de la paz
y que sólo en su harén de celdas
están brotando de una semilla
miles y miles y miles de heroínas de su desierto.

Y dicen los poetas beduinos que el nombre de Aminetu
tiene magia en la poesía,
resucita los más tristes versos.
Consagra la inspiración en la lírica
y convierte el género de la épica
en su ilustre testigo.

Beduino y poeta, qué más pueden cantar de ella.
Las apacibles noches
de su desierto, su inalcanzable techo de estrellas,
sus noches de luna llena,
su deseo de gritar en la inmensidad,
su anhelo al olor de la mar sahariana,
Su deseo de llenar sus pulmones de aire y poder vaciarlos,
su deseo de ser acariciada
por los vientos cristalinos de sus dunas.

Beduino y poeta, que más puedo cantar de ella.
Quiso saltar y ser la gacela más libre con su manada
y no pudo…
Intentó recitar un poema y se le torcían los versos,
recordó que el desahogo del poeta está en la palabra,
y recordó que el preso está lleno de mucho dolor.

Quiso escribir, cantar, hablar, gritar, llorar…
eligió la indefensa palabra
que predica en nombre de la paz.
Pero sólo recordó que podría ser ejecutada,
y deletreó los nombres de la tierra y sentenció
que ama mucho su tierra y a sus dos niños:
Hayat y Mohamed.


Un madrigal a mis tres amores: Aminetu Haidar, Leila Lili y Sáhara
Bahia Mahmud Awah

En el silencio exiliado, cada noche sueño gritar
vuestros nombres,
que anidan desterrados donde el tiempo
en la infinidad se reduce entre diminutas,
oscuras, transparentes y condenadas paredes.

Y soñé en una noche de media luna, que nunca,
en los sueños se sueña rezar sin versos.
Soñé cuerpos desnudos, inertes y frágiles,
donde el verdugo esculpió su nombre.

Soñé que ante su altar me faltan palabras
con las que confesar mis legales sueños.
Soñé que en medio de gritos y entre lóbregas paredes
me claman recitar tres poemas.

Sueño Rosas de mi desierto,
sueño Jacintos y sueño Esmeraldas.

Me despierto de un amargo y dulce sueño,
y hallo que el silencio,
el grito y los nombres que soñaba y buscaba,
gestan un poema de tres cautivas de libertad desnuda:
Aminetu Haidar, Leila Lili y Sáhara.

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